En la colonia menonita Nueva Esperanza, ubicada en el pueblo pampeano de Guatraché, se desarrolla una historia de sufrimiento y resistencia que ha generado un escenario de alerta social. Según las denuncias de María Unger Reimer, una mujer de 34 años que escapó recientemente de esta comunidad, la vida en las colonias menonitas no es siempre la que se presenta en los medios. Desde el 8 de febrero de 2026, se ha revelado un panorama de explotación, maltratos físicos y amenazas que afectan a miles de personas en estas comunidades.
La colonia menonita Nueva Esperanza, fundada hace más de 500 años en Europa por Menno Simons, un religioso anabaptista, ha mantenido un estilo de vida aislado y autónomo. Sin embargo, en la actualidad, en Argentina, estas colonias han comenzado a ser objeto de investigación por parte de autoridades debido a las denuncias de violencia y explotación. María Unger Reimer, quien se identifica como «gentileza Cristian Javier Acuña», describe un entorno donde las mujeres sufren abusos físicos, emocionales y económicos por parte de los miembros de la comunidad.
Según su relato, el último episodio ocurrió el 8 de febrero de 2026. María Unger Reimer indica que su exmarido intentó abusarla, lo que provocó una situación crítica que llevó a su decisión de escapar. Además, señala que sus hijas fueron secuestradas por miembros de la colonia, lo cual ha generado una respuesta inmediata de las autoridades locales y provinciales.
Las colonias menonitas en Argentina son conocidas por su aislamiento y resistencia a la tecnología, prefiriendo mantener sus propias fuentes de energía y agricultura. Sin embargo, en el caso de Nueva Esperanza, el estilo de vida ha comenzado a presentar problemas. Los residentes utilizan herramientas tradicionales, como tractores con ruedas de hierro y vacas holandesas, pero también enfrentan desafíos en términos de desarrollo económico y social.
El caso de María Unger Reimer ha generado un escenario de preocupación en la comunidad. Su denuncia ha sido recibida con atención por parte de organizaciones de derechos humanos y autoridades locales, quienes están evaluando la situación para garantizar la seguridad y el bienestar de las mujeres en estas colonias.
El problema en las colonias menonitas no es único. En todo el mundo, existen múltiples casos de violencia y explotación que afectan a estas comunidades. En Argentina, el gobierno y las organizaciones no gubernamentales están trabajando para crear políticas que protejan a las víctimas y promuevan la equidad y justicia.
Los responsables de las colonias menonitas deben ser confrontados con las denuncias de violencia y explotación. Es necesario que las autoridades tomen medidas concretas para proteger a las víctimas y garantizar que no se repitan los casos similares.
María Unger Reimer espera que su denuncia contribuya a una mayor conciencia sobre los problemas en las colonias menon